Los manteles, un toque de distinción en tu salón comedor

Voy a iniciar mi particular guerra y creo que batalla a batalla la voy a ganar. Guerra total a los manteles de papel, a las servilletas de papel. Y, sobre todo, qué obscenidad, sentarse a la mesa con cubiertos de plástico.

No es la primera vez que lo hago, ni será la última, por supuesto. He entrado a un restaurante y cuando he visto que en las mesas había manteles de papel he salido corriendo. Podéis decir que son manías y una de las mías es esta.

Para aquellas que amamos el mundo de la decoración es casi un sacrilegio sentarse a comer o a cenar en una mesa donde haya un mantel de papel. No lo concibo.

No cabe ninguna duda y todo el mundo estará de acuerdo conmigo, que el mantel de tela es lo más elegante. Sentarse a la mesa con tu familia  merece lo mejor. Es el momento de la charla distendida, de contar todo aquello que ha sucedido durante el día.

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Y por supuesto también merecen lo mejor los amigos que de vez en cuando vienen a mi casa a cenar. Yo les estoy agradecida porque vengan y por tanto procuro cuidar todos los detalles. Y el mantel es uno de ellos.

Por supuesto no pongo el mismo mantel de tela cuando comemos en familia o cuando estamos celebrando alguna fecha especial. Tengo una buena colección de manteles. Lo cierto es que me gustan.

Tengo manteles lisos, manteles a cuadros. Algunos muy clásicos, otros más atrevidos. Y todos con sus servilletas a juego.

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Puede que os estéis preguntando: “Sí, claro, pero el mantel de tela se ensucia y hay que meterlo en la lavadora y a veces caen manchas de vino difíciles de quitar…..” Y yo os puedo responder. ¿Y no vale la pena un poco de esfuerzo, que no mucho, por darle a tu hogar un toque de distinción?

¿Cuál es vuestra elección? Mantel de papel o de tela? Ya habéis visto que yo lo tengo claro.